EL SEÑOR DEL PUENTE
En una tarde soleada del 24 de mayo de 1994, nos
encontrábamos disfrutando de un placentero baño en las cristalinas aguas del
río Ambicá, desde allí se divisaba un gigantesco puente a penas en construcción
apoyado en sus largos y gruesos cables
que yacen tambaleantes por el efecto de los vientos procedentes de la cuenca
del río Ambicá. Sus torres majestuosas
parecieran que se movieran, pero en realidad están inmóviles
- ¡Se van a caer! ¡Se van a caer! – Gritaba doña Sofía.
- Pero don Pablo le decía: -No seas boba Sofía, esas torres no se caen, están bien ancladas al suelo, yo mismo vi cuando las colocaron, además esos enormes cables como los van a dejar caer-.
- ¡Ah! Bueno. Si usted lo dice don Pablo. Creo que es verdad.
- ¡Se van a caer! ¡Se van a caer! – Gritaba doña Sofía.
- Pero don Pablo le decía: -No seas boba Sofía, esas torres no se caen, están bien ancladas al suelo, yo mismo vi cuando las colocaron, además esos enormes cables como los van a dejar caer-.
- ¡Ah! Bueno. Si usted lo dice don Pablo. Creo que es verdad.
Mientras tanto que doña Rosa y don Pablo se bañaban y disfrutaban con
tanta alegría el bello paisaje y las
frescas aguas del río Ambicá; un señor que venía de Cali se disponía a cruzar el
puente, pero éste todavía carecía de piso.
El hombre iba en su caballo y tenía que caminar sobre las vigas, pero
como era tan nervioso solo lograba caminar un metro cada minuto. Al cruzar la tercera parte del
trayecto comenzó a gritar: ¡Estoy mareado!¡ Estoy mareado!, pero nadie se
atrevía a ayudarlo, pues el Puente se encontraba a siete metros de altura y
encima del majestuoso río que corría por sus aguas abundantes. Así que se quedó
quieto durante media hora, hasta que un señor llamado Adán lo auxilió,
montándolo sobre sus hombros. Al llegar a la orilla todos le aplaudieron y
llamaron héroe.
El hombre con su voz temblorosa, le dio gracias a Adán,
pero luego dijo enfadado: - Nunca más volveré a este pueblo. Ésta experiencia
me ha dejado casi muerto del miedo, pero gracias a usted estoy vivo-. Don Adán
le contestó: - No diga eso Señor, ya casi le ponen el piso a este puente y podremos pasar tranquilamente. – Bueno, si
es así volveré, téngalo por seguro,
porque me han encantado estos paisajes.
Un año después el Puente “El Milagro” estuvo totalmente
terminado y todos sintieron la gloria. Fue así como Colombia, nuestro pueblo
recibió un hermoso puente, que le dio un gran valor. Pues esta edificación
logró a traer muchos visitantes, que logró que aquel hombre caleño volviera a
disfrutar con toda su familia de los bellos paisajes que tiene el municipio de
Colombia, tanto se enamoraron de sus brisas, que se quedaron a vivir para
siempre.
Autora del cuento:
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