domingo, 6 de julio de 2014

CUENTO


EL SEÑOR DEL PUENTE

En una tarde soleada del 24 de mayo de 1994, nos encontrábamos disfrutando de un placentero baño en las cristalinas aguas del río Ambicá, desde allí se divisaba un gigantesco puente a penas en construcción apoyado en sus largos  y gruesos cables que yacen tambaleantes por el efecto de los vientos procedentes de la cuenca del río Ambicá.  Sus torres majestuosas parecieran que se movieran, pero en realidad están inmóviles
- ¡Se van a caer! ¡Se van a caer! – Gritaba doña Sofía.
- Pero don Pablo le decía: -No seas boba Sofía, esas torres no se caen, están bien ancladas al suelo, yo mismo  vi cuando las colocaron,    además esos enormes cables como los van a dejar caer-.
- ¡Ah! Bueno. Si usted lo dice don Pablo. Creo que es verdad.

Mientras tanto que doña Rosa  y don Pablo se bañaban y disfrutaban con tanta alegría el bello paisaje  y las frescas aguas del río Ambicá; un señor que venía de Cali se disponía a cruzar   el puente, pero éste todavía carecía de piso.  El hombre iba en su caballo y tenía que caminar sobre las vigas, pero como era tan nervioso solo lograba caminar un metro  cada minuto. Al cruzar la tercera parte del trayecto comenzó a gritar: ¡Estoy mareado!¡ Estoy mareado!, pero nadie se atrevía a ayudarlo, pues el Puente se encontraba a siete metros de altura y encima del majestuoso río que corría por sus aguas abundantes. Así que se quedó quieto durante media hora, hasta que un señor llamado Adán lo auxilió, montándolo sobre sus hombros. Al llegar a la orilla todos le aplaudieron y llamaron héroe.

El hombre con su voz temblorosa, le dio gracias a Adán, pero luego dijo enfadado: - Nunca más volveré a este pueblo. Ésta experiencia me ha dejado casi muerto del miedo, pero gracias a usted estoy vivo-. Don Adán le contestó: - No diga eso Señor, ya casi le ponen el piso a este puente  y podremos pasar tranquilamente. – Bueno, si es así  volveré, téngalo por seguro, porque me han encantado estos paisajes.

Un año después el Puente “El Milagro” estuvo totalmente terminado y todos sintieron la gloria. Fue así como Colombia, nuestro pueblo recibió un hermoso puente, que le dio un gran valor. Pues esta edificación logró a traer muchos visitantes, que logró que aquel hombre caleño volviera a disfrutar con toda su familia de los bellos paisajes que tiene el municipio de Colombia, tanto se enamoraron de sus brisas, que se quedaron a vivir para siempre.

Autora del cuento:

Leidy Magaly Lozano Guzmán

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